La fortificación respondió durante siglos a la condición de Daroca como plaza fronteriza entre los reinos cristianos y el mundo musulmán, una posición estratégica en el valle del Jiloca que explica el tamaño de sus defensas frente a localidades comparables. Tras la conquista de 1142, la ciudad creció extramuros y obligó a sucesivas ampliaciones del recinto hasta conectar los cerros de San Cristóbal y San Jorge con el núcleo original.
El resultado es una muralla que llegó a contar con 116 torreones, catorce de ellos de gran tamaño, y que enlazaba tres núcleos fortificados: el Castillo Mayor, el castillo de San Jorge y el torreón de San Cristóbal. El acceso al casco histórico se mantiene a través de las puertas originales: la Puerta Baja, del siglo XIII y reforzada en el XVI con dos torres cuadrangulares, y la Puerta Alta, ya del siglo XVI, con el escudo de la ciudad tallado sobre el arco.
Más allá de su arquitectura defensiva, Daroca custodia en la Basílica de Santa María de los Sagrados Corporales uno de los episodios más singulares del cristianismo medieval en España. Según la tradición, en 1239, durante la campaña de conquista de Valencia liderada por Jaime I, unas hostias consagradas quedaron ocultas en un paño durante una batalla cerca de Luchente y aparecieron después manchadas de sangre.
Varias localidades se disputaron la custodia de la reliquia hasta que, según el relato tradicional, se decidió cargarla sobre una mula y dejar que el animal eligiera destino al azar. La mula cayó muerta en Daroca, que desde entonces conserva los corporales en el templo que el papa León XIII elevó a la categoría de basílica en 1890.
Daroca es conocida entre los aragoneses como la ciudad de los siete sietes, por sus siete puertas, sus siete iglesias y sus siete fuentes, buena parte todavía en pie. Entre los ejemplos menos conocidos de ese patrimonio figuran la Fuente de los Veinte Caños, del siglo XVII, y La Mina, un túnel excavado entre 1555 y 1560 para desviar las aguas de tormenta, que atraviesa 600 metros del cerro de San Jorge.
Con 1.921 habitantes y decenas de edificios catalogados como bien de interés cultural, la localidad roza la proporción de un edificio histórico por cada diez vecinos, una densidad patrimonial que pocas localidades españolas de tamaño similar igualan. El municipio se encuentra a unos 85 kilómetros de Zaragoza, un trayecto de aproximadamente una hora en coche por la A-23, y su casco histórico puede recorrerse en una jornada.
Además de la basílica y las murallas, el recorrido suma la colegiata de Santo Domingo, la calle Mayor y el antiguo barrio judío, que conserva parte del trazado medieval. Los horarios de apertura de los monumentos varían según la época del año y pueden consultarse en la oficina de turismo local.
El patrimonio histórico concentra buena parte del atractivo turístico de Aragón, una comunidad donde conjuntos monumentales como el de Daroca conviven con decisiones de gestión territorial de signo muy distinto, como la de Aragón, que subvenciona cartuchos para frenar un millón de conejos al año.

