Abascal compareció en la ciudad autónoma tras un acto en el que, según imágenes difundidas por su partido, recibió gritos de «Presidente y viva España». Presentó la jornada como una muestra de colaboración entre fuerzas afines en Europa: «Es precisamente en las horas difíciles cuando se forjan las grandes alianzas políticas y cuando se demuestra la verdadera amistad», sostuvo junto a Bardella, a quien agradeció acompañarle «en un momento tan especial, tan decisivo y tan difícil». La presencia conjunta, añadió, demuestra que «los patriotas están comprometidos a defender su soberanía» y «colaboran entre ellos para ayudarse mutuamente».
Pese al desalojo de migrantes de la playa de Ceuta en los últimos días, Abascal insistió en que la situación en la ciudad autónoma sigue siendo «completamente inaceptable». Volvió a cargar contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a quien calificó de «un presidente corrupto que estaba al tanto de lo que podía ocurrir» y «no hizo absolutamente nada para evitarlo». El dirigente de Vox reclamó que «todos los invasores deben ser expulsados de la ciudad» y que «la frontera debe ser militarizada y reforzada estructuralmente con todos los recursos humanos y materiales que sean necesarios para garantizar que nada parecido vuelva a ocurrir nunca».
Preguntado por los periodistas sobre su ausencia en Madrid, Abascal explicó que evita «estar junto a Pedro Sánchez» y recordó que tampoco acudió el año pasado. Aunque le guste celebrar la Fiesta Nacional y admirar a las Fuerzas Armadas, consideró que «no es el momento de hacerla en una tribuna llena de traidores».
«No podemos estar celebrando el Día Nacional tranquilamente en un contexto de invasión de una parte de nuestro territorio nacional, como parte de una guerra híbrida y en un contexto en el que Marruecos reclamaba las plazas españolas de Ceuta y Melilla», Santiago Abascal, presidente de Vox.
El desfile del 12 de octubre, instaurado como acto central de la Fiesta Nacional, reúne cada año en el paseo de la Castellana a la jefatura del Estado, el Gobierno, los presidentes de las Cámaras y los líderes de los principales partidos. La silla vacía de Vox repite la de la edición anterior, en una estrategia de desmarque del protocolo institucional que el partido mantiene desde que rompió la foto del acto oficial.
Abascal avanzó que, si gobierna, cambiará «las legislaciones que haya que cambiar para que sean posibles esas repatriaciones inmediatas», dirigidas tanto a quienes cometan delitos como a quienes vivan en España «de las ayudas sociales que no alcanzan a los españoles». Contrapuso además lo que llamó contundencia policial del Gobierno contra manifestantes españoles frente a lo que considera incapacidad o falta de voluntad para «defender nuestra frontera».
Sobre la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, prevista para este martes y miércoles, Abascal deseó que «pueda alentar a los ceutíes» y «darles esperanza», y señaló que le «habría gustado que esa visita se produjera antes», aunque «más vale tarde que nunca».
Bardella, por su parte, reivindicó «la seguridad de los españoles y la soberanía de España» y alertó de que está en juego «el futuro de Europa si no retomamos urgentemente el control de nuestras fronteras». El líder de Reagrupamiento Nacional contrapuso lo que llamó «la ingenuidad migratoria de la izquierda» a la política de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, cuya suspensión temporal de la libre circulación con España defendió, y acusó al Gobierno de Sánchez de haber enviado «la señal de que se pueden violar impunemente las fronteras de Europa». La controversia fronteriza se suma a otros frentes abiertos entre Vox y el Ejecutivo, como el que recoge el repaso de Vallés sobre la crisis de la vivienda y Rajoy.

