En términos de peso relativo, el autoempleo representó en junio el 21.8% de la población ocupada total del país, equivalente a 13.1 millones de personas. La proporción subió 0.4 puntos porcentuales en lo que va del año, un avance que contrasta con la contracción sostenida del empleo asalariado desde el arranque de 2026.
El repunte del trabajo independiente coincide con un deterioro paralelo en la calidad del empleo. Entre enero y junio, la tasa de informalidad laboral pasó de 54.6 a 55.0% de la población ocupada, según el Inegi, mientras que el empleo formal —aquel inscrito ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y con las prestaciones que marca la Ley Federal del Trabajo— perdió 363,612 plazas en el semestre. Dentro de la economía formal, los empleos que sí crecieron sumaron 315,980 personas, una cifra que no compensa las pérdidas del periodo.
Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), esta dinámica no es privativa de México. En su más reciente informe Panorama Laboral de América Latina y el Caribe, el organismo sostiene que el trabajo por cuenta propia ha operado tradicionalmente como amortiguador en la región cuando la demanda de empleo asalariado se debilita. "Tradicionalmente, el trabajo por cuenta propia en la región ha actuado como un 'amortiguador' en contextos de insuficiente demanda de empleo asalariado y, en promedio, tiende a concentrarse en ocupaciones de menor productividad, con altos niveles de informalidad y mayor precariedad", señala la OIT en el documento.
El organismo cita el caso de Argentina como comparable regional: ahí, la contracción del empleo asalariado coincidió con un repunte del trabajo por cuenta propia, un patrón que la OIT interpreta como "un desplazamiento hacia formas de inserción menos dependientes del empleo asalariado tradicional y más vinculadas a estrategias individuales de generación de ingresos". El paralelismo con la situación mexicana, de acuerdo con los datos disponibles, resulta difícil de pasar por alto.
Axel Eduardo González, coordinador de datos de México, ¿Cómo vamos? (MCV), atribuyó el fenómeno al desempeño reciente de la economía nacional, en particular al bajo dinamismo de las actividades secundarias, es decir, la industria y la manufactura. "Es una situación que se presenta por el desempeño actual de nuestra economía, especialmente por el bajo desempeño en actividades secundarias, las personas recurren al sector informal de la economía por necesidad, porque no hay empleos en otros sectores mejor remunerados y con seguridad social", dijo el especialista en entrevista previa.
Vocación o necesidad
La narrativa que asocia el autoempleo con una aspiración generacional —jóvenes que preferirían ser sus propios jefes antes que integrarse a una nómina— encuentra matices en los datos disponibles. La Encuesta Nacional de Egresados (ENE) de la Universidad del Valle de México (UVM) revela que casi una cuarta parte de quienes trabajan por cuenta propia lo hace por falta de oportunidades en el mercado laboral, el motivo principal detrás de esta decisión, por encima de cualquier búsqueda deliberada de independencia profesional.
La misma encuesta aporta un dato adicional: ocho de cada diez personas que ejercen el autoempleo se declaran satisfechas con este esquema, pero el 62% reconoce que preferiría un empleo formal, ya sea en una empresa privada o en una institución de gobierno. La satisfacción declarada convive así con una aspiración distinta a la que efectivamente se ejerce.
El contraste se refleja también en las preferencias de los recién egresados universitarios. Aunque esquemas como el nomadismo digital, el trabajo profesional independiente o las actividades de la llamada gig economy captan el interés de buena parte de esta generación, siete de cada diez egresados se inclinan por la vía del empleo formal tradicional al momento de elegir.
El fenómeno se inscribe en un mercado laboral con bajo dinamismo en la creación neta de empleo. Solo en junio, según reportes del Inegi, el mercado laboral eliminó 320,000 plazas de trabajo, lo que colocó al balance acumulado del año en terreno deficitario. La tendencia hacia el autoempleo tampoco es enteramente nueva: en 2025 fue ya el segmento ocupacional que más creció dentro de la economía mexicana, lo que apunta a una continuidad más que a un episodio aislado de la coyuntura de este año.
El trasfondo del debate excede la estadística. El crecimiento del trabajo por cuenta propia, en un entorno de contracción del empleo asalariado y avance de la informalidad, plantea interrogantes sobre el acceso de la población ocupada a la seguridad social, las pensiones contributivas y las prestaciones que solo garantiza el empleo formal bajo el régimen del IMSS. En México, la afiliación al seguro social está ligada a la existencia de una relación laboral subordinada, de modo que el desplazamiento hacia el autoempleo tiende a dejar a esos trabajadores fuera de la cobertura obligatoria.
De cara a los próximos meses, el comportamiento del mercado laboral dependerá en buena medida del desempeño de las actividades secundarias y de la inversión productiva, factores que González vincula con la capacidad de la economía para generar empleo asalariado. El Inegi publicará los siguientes cortes de la ENOE en las próximas semanas, lo que permitirá observar si la tendencia hacia el autoempleo se profundiza o si el trabajo subordinado logra revertir su trayectoria descendente.