El primer ministro libanés, Nawaf Salam, informó el lunes al gabinete de su país sobre los esfuerzos diplomáticos encaminados a lograr, según sus palabras, "retiradas israelíes sucesivas del territorio libanés, hasta una retirada total", de acuerdo con lo trasladado por el ministro de Información, Paul Morcos. La declaración antecedió por un día al inicio de la ronda de Roma, en la que participan representantes de ambos gobiernos sin contacto directo entre las partes.
El mecanismo de negociación indirecta, con Estados Unidos como intermediario, ha sido la fórmula empleada desde el cese de las hostilidades más intensas entre Israel y el movimiento libanés Hezbolá. El formato evita el reconocimiento diplomático mutuo entre Beirut y Tel Aviv, países que carecen de relaciones formales desde la fundación del Estado de Israel en 1948.
De acuerdo con un responsable del Departamento de Estado estadounidense, la agenda de esta séptima sesión contempla tres ejes: la ampliación del esquema de "zonas piloto" para el retiro escalonado de tropas israelíes, la resolución de disputas fronterizas pendientes entre ambos países y el diseño de un eventual acuerdo integral de paz y seguridad, un objetivo que hasta ahora ha resultado esquivo en la región.
El antecedente inmediato de este proceso es el acuerdo marco suscrito a finales de junio, que estableció el despliegue del ejército libanés en localidades evacuadas por Israel, condicionado al desarme del grupo proiraní Hezbolá. Israel mantiene, no obstante, presencia militar en una porción del sur libanés que no ha evacuado.
El 21 de julio, el ejército libanés comenzó a desplegarse en Zawtar al Garbiya, la primera de las llamadas "zonas piloto", y autorizó el regreso de la población civil desplazada por meses de conflicto. Ese despliegue es, hasta el momento, el avance más concreto derivado de las negociaciones iniciadas este año entre ambos países.
El rechazo de Hezbolá
El líder de Hezbolá, Naim Kasem, rechazó este martes el proceso negociador en curso y advirtió que las conversaciones directas entre Líbano e Israel no traerán "más que vergüenza, humillación y compromisos sucesivos". Kasem acusó además al presidente libanés de acentuar las divisiones internas del país en lugar de actuar como "árbitro" entre las distintas facciones políticas.
El movimiento chiita, que cuenta con representación en el Parlamento libanés y con milicias armadas en el sur del país, ha condicionado en varias ocasiones cualquier proceso de desarme a que Israel establezca un calendario para su retirada completa del territorio libanés. Esa exigencia constituye el principal obstáculo para la implementación plena del acuerdo marco de junio.
El origen de la actual escalada se remonta al 2 de marzo, cuando Hezbolá disparó contra territorio israelí en respaldo a Teherán, lo que derivó en una campaña de ataques aéreos israelíes y una posterior ofensiva terrestre en el sur de Líbano. Aunque la intensidad de los combates ha disminuido desde junio, el gobierno libanés continúa denunciando ataques israelíes puntuales.
El conflicto entre Israel y Hezbolá tiene antecedentes que se remontan a la guerra de 2006, cuando ambas partes sostuvieron una confrontación de 34 días que terminó con la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, marco normativo que sigue invocándose para definir el estatus de la frontera y el desarme de actores no estatales.
Para el gobierno de Estados Unidos, el proceso de Roma se inscribe en su estrategia de estabilización de Medio Oriente, en un contexto donde también ha mediado en otros frentes regionales vinculados a Irán, principal patrocinador de Hezbolá. La suerte de estas conversaciones está entrelazada con el estado de las relaciones entre Washington y Teherán, que permanecen en tensión.
El desenlace de esta séptima ronda, prevista hasta el jueves en Roma, determinará si el esquema de "zonas piloto" se extiende a nuevas localidades del sur libanés y si las partes logran avanzar hacia el diseño de un marco de seguridad más amplio. La postura de Hezbolá, que no participa directamente en las negociaciones pero mantiene capacidad de bloqueo sobre su implementación en el terreno, seguirá siendo el factor determinante para cualquier avance sostenible en los próximos meses.