Aceptemos también la segunda premisa, que es la que lo sostiene todo. El estímulo al IEPS, nos explican, amortigua las subidas del precio internacional para contener el costo final en el surtidor. Es decir: cuando el Brent sube, el Estado renuncia a cobrar una parte del impuesto para que usted no lo note en el tanque. Es un paraguas fiscal. Y los paraguas, cuando llueve, son una bendición. Que la mezcla mexicana cerrara el viernes en 93.42 dólares por barril confirma que, en efecto, llueve. Hasta aquí, todo impecable.
Sigamos el razonamiento un escalón más. La dependencia, nos dicen, recalibra el estímulo cada semana. No es una decisión improvisada: es un termostato. Sube el crudo, sube el subsidio; baja el crudo, el subsidio afloja. Esta semana aflojó para la Magna y la Premium porque, aparentemente, hacía menos falta. Perfecto. El termostato funciona. Y como todo buen termostato, tiene un recibo de la luz. A ese recibo lo llaman, en el lenguaje gris de la hacienda pública, «costo fiscal». Aceptemos la palabra tal cual.
Aceptemos entonces la cifra, porque la cifra también es de ellos. La Agencia Nacional de Aduanas informó que en agosto los estímulos a gasolinas y diésel representaron un costo fiscal de 6,947 mdp solo en las aduanas. Un peso que alivia su tanque es un peso que no entra al fisco: eso lo dice el propio material, no este periódico. Concedámoslo con la misma serenidad con que ellos lo publican. El paraguas cuesta. Todos los paraguas cuestan. Hasta aquí, nadie ha mentido.
Y aquí es donde conviene seguir sumando premisas, una por párrafo, sin objetar todavía. La recaudación aduanera total cayó 7% real anual en agosto. Las 50 aduanas del país captaron 113,271 mdp, un 6.7% menos en términos reales. ¿La causa principal? El IEPS, que se desplomó 36.13% real anual hasta los 13,498 mdp: el gravamen que más cayó en todo el periodo. Aceptemos cada dato como artículo de fe, porque son suyos y porque están bien traídos. El termostato enfría el surtidor y, de paso, enfría la caja.
Octavio Paz describió al Estado mexicano como un «ogro filantrópico»: la mano que da con una palma mientras la otra se cierra. Tómenlo al pie de la letra, que para eso lo escribió. La filantropía está a la vista: 4.24 pesos de estímulo por litro de Magna, 3.58 por la Premium, y el diésel exento por completo del gravamen. La parte de ogro es la que no aparece en el decreto: el impuesto que deja de cobrarse no desaparece, se traslada. Alguien paga el jugo que usted no nota en la bomba. La pregunta es quién, y la respuesta vive en el Presupuesto de Egresos.
Porque aquí revienta solo el argumento. Si el estímulo es total para el diésel y parcial para la gasolina, entonces el Estado ha decidido blindar por completo el combustible de los tráileres, los autobuses foráneos y la maquinaria agrícola, y cobrarle a usted —al del tanque de la Magna— el 36.66% de la cuota completa, 2.46 pesos por litro, mientras el diésel paga cero. No es un reproche: es aritmética suya. El paraguas que paga toda la Federación cubre entero a quien consume diésel y a medias a quien llena un auto para ir a trabajar. Ese es el reparto que sale de sus propias cifras, no de nuestra imaginación.
Y si lo seguimos hasta el final, la conclusión es la que nadie firmaría en voz alta: han construido un subsidio que se cobra solo. El fisco renuncia a 6,947 mdp en un mes para que el precio no suba; esa renuncia hunde la recaudación 36.13%; esa recaudación hundida es la que debía pagar carreteras, hospitales y las propias aduanas que ahora captan menos. El consumidor paga dos veces: una cuando llena el tanque al 36% del IEPS, y otra cuando el agujero recaudatorio reaparece, inevitablemente, en el siguiente paquete económico. El termostato enfría la habitación quemando los muebles. Y todo, insistimos, con lógica intachable.
Durante décadas, el dedazo decidía quién gobernaba sin que nadie viera la mano; hoy un decreto semanal decide, sin que nadie lo discuta en San Lázaro, quién paga el impuesto de quién. La diferencia es que aquel dedazo tenía un nombre al final. Este también: alguien en la Secretaría de Hacienda firma cada viernes el número exacto que separa al diésel exento de la Magna al 36%. No le preguntamos si el mecanismo es legal, que lo es. Le preguntamos lo único que el decreto no dice: ¿quién, con nombre y apellido, decidió que el diésel no pagara nada y usted sí?