Mancera recordó que el derecho a la educación está establecido en el artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y que ese derecho, en esencia, es el de aprender. Según relató, a partir del año 2000 México se incorporó a la prueba PISA, organizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y durante varios ciclos los resultados fueron mejorando de forma gradual como consecuencia de políticas orientadas a que una proporción creciente de niñas y niños desarrollara capacidades fundamentales.
Ese patrón de mejora, sin embargo, se habría interrumpido en la edición más reciente. De acuerdo con lo expuesto por Gutiérrez, los resultados de PISA 2025 no mostraron avances en ninguna de las tres áreas evaluadas, un estancamiento que —según su lectura— termina por reflejarse en las capacidades con las que los jóvenes llegan a la adultez. La directora de Mexicanos Primero sostuvo que, al formar parte de la OCDE, el país debería aspirar a resultados equiparables a los de las demás naciones miembro. "Deberíamos tener los mismos resultados que los demás miembros", declaró.
Gutiérrez trazó una línea histórica sobre los instrumentos de evaluación educativa en el país. Mencionó la Evaluación Nacional de Logros Académicos en Centros Escolares (ENLACE), aplicada entre 2006 y 2014, y después la evaluación docente derivada de la reforma educativa de 2013. Según su diagnóstico, actualmente el sistema educativo mexicano carece de mecanismos de evaluación propios que permitan dar seguimiento al desempeño escolar entre una aplicación de PISA y otra: evaluaciones del sistema, dijo, "no existen por ningún lado".
Durante la conversación, Azuela apuntó que, a partir del sexenio del expresidente Andrés Manuel López Obrador, los libros de texto gratuito distribuidos por la Secretaría de Educación Pública (SEP) sufrieron cambios de contenido que calificó de ideológicos, y planteó la duda de si ese giro pudo incidir en los resultados medidos por la prueba internacional.
Mancera respondió que es habitual que exista un componente ideológico en cualquier discusión educativa. "Es normal que haya ideología en la discusión educativa. Cada quien expresa su visión del mundo. Algunos dicen que es adoctrinamiento o sectarismo, pero puede ser cierto cuando se abandonan los fines fundamentales de la educación", expresó. Con ello matizó que las críticas de adoctrinamiento pueden tener sustento cuando ese componente desplaza los fines centrales de la enseñanza: lectura, razonamiento matemático y pensamiento científico.
La réplica de Sheinbaum y el debate sobre el modelo
La discusión se produce después de que la presidenta Claudia Sheinbaum reaccionara a los resultados durante su conferencia matutina, la mañanera. La mandataria defendió el modelo pedagógico de la Nueva Escuela Mexicana, impulsado durante el sexenio anterior y continuado por su administración, y planteó que la prueba internacional podría presentar sesgos al no considerar de manera suficiente los contextos particulares de cada país evaluado. Gutiérrez replicó que México forma parte de la OCDE de manera voluntaria y que, en ese carácter, el país debería aspirar a los mismos estándares de resultados más allá de las diferencias de contexto socioeconómico.
La SEP, por su parte, ha atribuido en pronunciamientos previos parte de la baja comprensión lectora detectada en PISA al uso extendido de pantallas entre la población estudiantil, y ha llamado a recuperar juegos tradicionales como estrategia para estimular otras habilidades cognitivas entre niñas, niños y adolescentes.
El programa abordó también otros factores que inciden en los resultados: el estado de la infraestructura escolar en distintas regiones del país, las diferencias de desempeño entre escuelas públicas y privadas, y el papel de los programas de becas destinados al alumnado como mecanismo para sostener la permanencia en el sistema educativo.
La prueba PISA se aplica cada tres años a estudiantes de 15 años en los países miembros y asociados de la OCDE, y evalúa competencias en lectura, matemáticas y ciencias más que conocimientos memorísticos. México se sumó a la evaluación en el año 2000 y, desde entonces, sus resultados han sido utilizados de manera recurrente como termómetro del desempeño del sistema educativo nacional frente a otras economías de la región, entre ellas Chile y Colombia, también integrantes del organismo.
El pulso entre las mediciones internacionales y los modelos pedagógicos nacionales no es nuevo en México. La incorporación del país a PISA en el año 2000, ya en el arranque de la alternancia política, convirtió esa evaluación en referencia obligada del debate público, y cada nueva entrega ha reavivado la discusión sobre reformas, contenidos y evaluación docente, desde ENLACE hasta la reforma educativa de 2013 y su posterior reversión.
El debate sobre el rumbo de la política educativa continuará previsiblemente en las próximas semanas, mientras organizaciones civiles como Mexicanos Primero insisten en la necesidad de restablecer mecanismos de evaluación nacionales que permitan medir el aprendizaje con mayor frecuencia que la periodicidad trienal de PISA. El próximo ciclo de la evaluación internacional volverá a colocar el desempeño del sistema educativo mexicano bajo escrutinio comparado.