El pronunciamiento de Tedros se difundió a través de su cuenta oficial en la red social X, donde sostuvo que «la política de vacunación debe estar guiada por una revisión rigurosa, independiente y transparente de la mejor evidencia científica disponible, y no por la influencia política». El mensaje llega en un contexto de tensión entre la OMS y Washington, luego de que el gobierno estadounidense formalizara este año su salida del organismo con sede en Ginebra.
La orden ejecutiva firmada por Trump deja bajo criterios de riesgo individual o de decisión compartida entre padres y médicos las vacunas contra la gripe, la Covid-19, la hepatitis A y B, el rotavirus y la meningitis, enfermedades que hasta ahora formaban parte del esquema recomendado de manera universal para la niñez estadounidense. Además, ordena una revisión completa del calendario federal de vacunación infantil, un documento que durante décadas ha servido de referencia no solo para EU, sino para otros sistemas de salud pública en el continente.
Para el director general de la OMS, estos cambios ignoran evidencia científica acumulada que, en sus palabras, «muestran cuándo los niños son más vulnerables a las enfermedades, cuándo las vacunas proporcionan la mayor protección, cuántas dosis son necesarias y qué vacunas pueden administrarse juntas de forma segura». Tedros advirtió que «retrasar las vacunas o separar innecesariamente las dosis no hace que la vacunación sea más segura, y puede dejar a los niños desprotegidos», y agregó que «todo padre quiere mantener a sus hijos a salvo, y las vacunas se encuentran entre las herramientas más eficaces para hacerlo».
La medida también establece nuevas categorías de recomendación para otras inmunizaciones y se vincula con la intención de separar las dosis de la vacuna triple viral contra sarampión, paperas y rubéola, actualmente administrada de forma conjunta. Trump ha relacionado sus decisiones en materia de vacunación con el incremento de diagnósticos de autismo en Estados Unidos y ha cuestionado públicamente la seguridad de la vacuna triple viral, pese a que décadas de investigación científica no han encontrado relación causal entre la vacunación infantil y el autismo.
Especialistas en salud pública han advertido sobre un posible repunte de enfermedades prevenibles mediante vacunación, en un año en el que Estados Unidos ya reportó su mayor número de casos de sarampión en varias décadas, según cifras citadas por organismos de salud pública. La preocupación por la inmunidad de rebaño —la protección colectiva que se pierde cuando las tasas de vacunación caen por debajo de determinados umbrales— ha sido una constante entre epidemiólogos que siguen los cambios en la política sanitaria estadounidense.
Qué implica para el esquema de vacunación mexicano
El esquema de vacunación universal que administra la Secretaría de Salud a través de la Cartilla Nacional de Salud ha seguido históricamente estándares alineados con las recomendaciones de la OMS y con referencias internacionales, entre ellas las guías de las autoridades sanitarias estadounidenses. Un giro sustancial en la política de ese país podría, en el mediano plazo, alterar el intercambio de evidencia científica y de insumos biológicos con implicaciones para la región.
El antecedente más citado por especialistas mexicanos en salud pública es el brote de sarampión que afectó a México en 2019 y 2020, tras años de coberturas de vacunación decrecientes, un episodio que llevó a las autoridades sanitarias a reforzar campañas en estados fronterizos y a fortalecer la vigilancia epidemiológica en conjunto con la Organización Panamericana de la Salud, brazo regional de la OMS para las Américas. México había recibido en 2016 la certificación regional de eliminación del sarampión endémico, condición que la reaparición de casos importados puso a prueba en aquellos años.
El organismo ginebrino, fundado en 1948 como agencia especializada de Naciones Unidas, ha sido durante más de siete décadas la instancia de referencia para la certificación de esquemas de vacunación y la coordinación de respuestas globales ante brotes, desde la viruela —erradicada mundialmente en 1980 bajo su coordinación— hasta el ébola. La salida de Estados Unidos de la organización, formalizada este año por decisión del gobierno de Trump, ha dejado un vacío de financiamiento que la propia OMS ha reconocido públicamente en meses recientes, dado que Washington figuraba entre sus principales contribuyentes.
La orden ejecutiva cuenta con el respaldo explícito del secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., quien desde antes de asumir el cargo se había mostrado crítico con los calendarios de vacunación infantil vigentes y con la relación entre las farmacéuticas y las agencias regulatorias estadounidenses. La Secretaría de Salud mexicana tampoco se ha pronunciado públicamente sobre los cambios anunciados en Estados Unidos.
En los próximos meses, la atención se centrará en si otros países de América Latina, cuyos sistemas de salud han seguido tradicionalmente parámetros compartidos con las agencias sanitarias estadounidenses, ajustan sus propios calendarios de vacunación o mantienen las recomendaciones vigentes de la OMS y la Organización Panamericana de la Salud. También será clave observar si la cifra de casos de sarampión en Estados Unidos, ya la más alta en décadas, continúa al alza en lo que resta de 2026, un indicador que expertos consideran determinante para medir el impacto real de la nueva política.