Díaz Robles y Mejía Haro llevaban al menos dos años perfilándose para la sucesión zacatecana. Ambos acompañaron a Claudia Sheinbaum en la boleta de 2024: ella encabezó la fórmula aliancista al Senado por la entidad, y él, que había sido representante de la entonces candidata presidencial en Zacatecas, compitió por una curul en San Lázaro.
El proceso interno contempló, en un primer momento, otras rutas. El monrealismo impulsó a Rodrigo Reyes Mugüerza, internacionalista con posgrado en la London School of Economics y colaborador de Ricardo Monreal en la Junta de Coordinación Política del Senado, quien terminó por asumir la secretaría general de Gobierno del estado. También figuró Saúl Monreal Ávila, hermano menor del gobernador, quien dejó la alcaldía de Fresnillo para buscar un escaño y llegó a perfilarse como sucesor en 2024, antes de que Palacio Nacional definiera los candados contra la reelección de alcaldes y diputados y la restricción al nepotismo, impugnada de inmediato por legisladores del PT y el PVEM.
Ante la consolidación del liderazgo de Sheinbaum dentro del movimiento —celebrada por los sectores identificados como puros de Morena—, los Monreal Ávila redefinieron prioridades: Saúl cedió su aspiración y David respaldó a Vero Díaz como carta del monrealismo frente a Mejía Haro. Para Reyes Mugüerza quedó abierta la posibilidad de disputar la alcaldía de la capital zacatecana.
El sector identificado con la línea de Sheinbaum en Zacatecas no llegó unificado al proceso. La mayoría respaldaba a Mejía Haro, mientras otro grupo se aglutinó en torno a Alfonso Ramírez Cuéllar, diputado federal de origen barzonista que meses atrás disputó, sin éxito, la coordinación de la bancada morenista en San Lázaro. Ramírez Cuéllar construyó apoyos entre legisladores del PT, partido que a su vez llegó dividido entre José Narro Céspedes y Giovanna Bañuelos de la Torre; el PVEM propuso a Carlos Puente.
Género como variable decisiva
Ni Bañuelos ni Puente fueron mencionados en el acto de designación de Díaz Robles, como tampoco lo fue Mejía Haro. La evaluación interna de reconocimiento, aplicada bajo el método de la comisión nacional de elecciones que preside Citlalli Hernández —con la fórmula usada en el proceso 2021-2024—, identificó a cuatro mujeres y dos hombres como aspirantes con mayor respaldo entre afiliados y simpatizantes, además de Bañuelos y Puente por los partidos aliados. Entre las variables consideradas estuvo la preferencia de los consultados respecto al género de los aspirantes, factor que explicaría por qué la nominación recayó en Díaz Robles pese a que las mediciones públicas coincidían en situar a Mejía Haro como ganador de la contienda.
Ese método de selección por encuesta no es nuevo en Morena: el partido lo empleó para definir a su candidata presidencial en 2023, cuando Sheinbaum se impuso a Marcelo Ebrard en un ejercicio que también dejó cuestionamientos de los perdedores sobre la metodología. En Zacatecas, la lógica se repite con una fisura visible entre los aspirantes desplazados.
El PRI, segunda fuerza en el estado
Las mismas mediciones ubican al PRI como la segunda fuerza electoral en Zacatecas, detrás de Morena. La designación de Díaz Robles se interpreta como detonante de un eventual movimiento crítico al monrealismo dentro del propio partido, del que podrían beneficiarse el tricolor o Movimiento Ciudadano en la contienda por la gubernatura. La ausencia de Mejía Haro, Bañuelos y Puente en el destape se lee como la primera señal visible de una fractura interna de desenlace incierto.
El episodio se suma a un año de movimientos internos en Morena rumbo al proceso electoral 2026-2027, en paralelo a la discusión legislativa sobre el paquete anticorrupción que eliminaría el fuero y a los ajustes normativos que el INE aplica a los partidos aliados, como el que motivó el reclamo de Acosta Naranjo contra el organismo electoral por el cambio de color de Somos.