El cambio adelanta los amaneceres según el reloj, con el sol saliendo aproximadamente una hora antes que el día anterior, aunque la hora exacta varía según la localidad. El mecanismo, vigente dos veces al año, responde oficialmente al objetivo de aprovechar las horas de luz para el ahorro energético y sigue regulado por la Directiva 2000/84/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de enero de 2001, que mantiene tanto el horario de verano como el de invierno.
La Sociedad Española del Sueño ha advertido en varias ocasiones de los efectos del cambio horario sobre el organismo, con síntomas como irritabilidad, falta de concentración e insomnio, y lo ha vinculado a un mayor riesgo de obesidad, diabetes, infartos, ictus, depresión o ansiedad.
La Comisión Europea planteó en septiembre de 2018 poner fin al cambio de hora, con una fecha inicial de 2019 que se pospuso a 2021 sin llegar a aplicarse por falta de acuerdo entre los Estados miembros. En España, una comisión de expertos creada por el Gobierno en marzo de 2019 concluyó que no existía un «consenso compartido» para fijar un calendario de eliminación. En 2025 el Gobierno pidió a la UE suprimir el ajuste a partir de 2026.
«Apenas ayuda a ahorrar energía y tiene un impacto negativo en la salud y en la vida de la gente», expresó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en octubre de 2025 en sus redes sociales, al reclamar a la Unión Europea que eliminara el cambio horario a partir de 2026.
Esa petición no se ha traducido por el momento en una modificación de la normativa europea. El BOE mantiene registrado el cambio de este próximo domingo 25 de octubre como el último contemplado hasta la fecha.