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El Fray Nano, la casa olvidada del béisbol amateur en la Cdmx

El parque de la alcaldía Venustiano Carranza, sede juvenil desde 1957, fue casa temporal de los Diablos Rojos del México antes del Alfredo Harp Helú

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
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El Estadio Fray Nano, ubicado en la colonia Jardín Balbuena, al oriente de la Ciudad de México, cumple casi siete décadas como semillero de beisbolistas capitalinos, aunque su nombre resulta ajeno para buena parte de la afición que hoy llena el Alfredo Harp Helú.

El parque, situado en la alcaldía Venustiano Carranza, cerca de la Ciudad Deportiva Magdalena Mixiuhca, nunca tuvo la vocación profesional que sí caracterizó al desaparecido Parque Delta —luego Parque del Seguro Social— ni la que hoy tiene el Alfredo Harp Helú, casa de los Diablos Rojos del México. Su función histórica fue distinta: formar a nuevas generaciones de peloteros a través de ligas locales, entre ellas la Liga Centropolitana, que durante décadas fungió como plataforma de miles de jugadores capitalinos antes de que muchos de ellos llegaran, en algunos casos, al béisbol organizado.

El nombre del estadio rinde homenaje a Alejandro Aguilar Reyes, uno de los pioneros del cronismo deportivo en México, conocido bajo el pseudónimo de "Fray Nano", una práctica común entre los articulistas de opinión de su época. Según reveló él mismo en una ocasión, el "Nano" provenía del diminutivo que su hermano usaba para el nombre Alejandro, mientras que el "Fray" aludía a que se consideraba un "apóstol del deporte".

Aguilar Reyes vivió una temporada en Estados Unidos durante la década de 1920, donde conoció de cerca el funcionamiento del béisbol en aquel país. Ese aprendizaje resultaría decisivo: el 24 de junio de 1925 figuró entre los fundadores de la Liga Mexicana de Béisbol (LMB), cuyo primer encuentro, entre los equipos México y Agraria, se disputó en el extinto Parque Franco-Inglés de la capital.

La huella de Fray Nano no se limitó al diamante. En el periodismo, fundó en 1930 el semanario especializado La Afición, una publicación centrada en la actualidad deportiva nacional e internacional. También fue pionero en la cobertura de eventos internacionales como la Serie Mundial de las Grandes Ligas de Estados Unidos, entonces un fenómeno mediático incipiente para el público mexicano.

Su influencia se extendió, además, a la organización institucional del deporte: participó en la creación de la Comisión de Box y de la Comisión de Lucha Libre mexicanas, dos disciplinas con hondo arraigo popular en el país. Ese recorrido —cronista, fundador de liga, editor y gestor deportivo— explica por qué, tras su muerte el 12 de noviembre de 1961 en el Hospital Español de la Ciudad de México a consecuencia de una afección cardiaca, fue incluido en el Salón de la Fama del béisbol mexicano.

Del semillero al profesionalismo

El parque que hoy lleva su nombre operó por más de medio siglo exclusivamente como espacio formativo, ajeno a los reflectores del béisbol profesional. Esa condición cambió en 2015, cuando los Diablos Rojos del México debieron abandonar el Foro Sol ante el regreso del Gran Premio de México de la Fórmula 1 al calendario internacional, lo que obligó a la franquicia a buscar una sede alterna mientras se construía su estadio definitivo.

El Fray Nano fue la opción elegida para ese periodo de transición. La Fundación Alfredo Harp Helú destinó una inversión de 70 mdp para adaptar las instalaciones a los estándares que exige el béisbol profesional, un desembolso que permitió al parque amateur recibir, por primera vez en su historia, partidos de la Liga Mexicana de Béisbol de forma regular.

Ese paréntesis profesional se cerró con la inauguración del Estadio Alfredo Harp Helú, hoy casa oficial de los Diablos Rojos del México y uno de los recintos deportivos más modernos de la capital. Desde entonces, el Fray Nano recuperó su vocación original como espacio de formación, aunque conserva en su historia el capítulo, breve pero significativo, de haber sido sede transitoria de un equipo con gran arraigo entre la afición capitalina.

El contraste entre el Fray Nano y los otros dos grandes referentes del béisbol en la Ciudad de México —el desaparecido Parque Delta y el actual Alfredo Harp Helú— ilustra la existencia de dos circuitos paralelos dentro del mismo deporte: uno profesional, mediático y con inversión privada de gran escala, y otro formativo, sostenido durante décadas por ligas locales con menor visibilidad pública pero determinante en la cantera de jugadores.

El béisbol conserva en México un arraigo histórico particularmente fuerte en estados como Sonora, Sinaloa, Nuevo León y Yucatán, además de la propia Ciudad de México, donde compite por atención mediática con el futbol de la Liga BBVA MX. Instalaciones como el Fray Nano, poco conocidas fuera del circuito amateur, forman parte de una infraestructura menos visible pero necesaria para sostener ese arraigo a largo plazo.

La historia de Fray Nano —el hombre y el estadio que lleva su nombre— se entrelaza así con la propia institucionalización del deporte en México durante el siglo XX, en un momento en que las federaciones y comisiones deportivas apenas comenzaban a estructurarse. Su legado combina el periodismo especializado, la organización de ligas y la formación de nuevas generaciones, un triple aporte que explica su permanencia en el Salón de la Fama del béisbol mexicano seis décadas después de su muerte.

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